{"id":759,"date":"2013-03-07T23:55:59","date_gmt":"2013-03-07T20:55:59","guid":{"rendered":"https:\/\/ens10-caba.infd.edu.ar\/sitio\/nota-publicada-el-01-03-2013-ser-docente-clarin-mujer-a-estela-quiroga-profesora-de-nuestra-casa\/"},"modified":"2013-03-07T23:55:59","modified_gmt":"2013-03-07T20:55:59","slug":"nota-publicada-el-01-03-2013-ser-docente-clarin-mujer-a-estela-quiroga-profesora-de-nuestra-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ens10-caba.infd.edu.ar\/sitio\/nota-publicada-el-01-03-2013-ser-docente-clarin-mujer-a-estela-quiroga-profesora-de-nuestra-casa\/","title":{"rendered":"Nota publicada el 01.03.2013 | Ser docente\/ Clar\u00edn Mujer a Estela Quiroga, profesora de nuestra casa."},"content":{"rendered":"<h5>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/ens10-caba.infd.edu.ar\/sitio\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/clarin_mujer-primera_persona-docente-maestra_MUJIMA20130227_0012_32.jpg\" border=\"0\" alt=\"\"><\/p>\n<h2>&ldquo;B&aacute;sicamente, somos formadores de personas&rdquo;<\/h2>\n<h2>Maestra de educadores, Estela Quiroga (58) es protagonista de cuatro d&eacute;cadas de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica. Una mirada integradora que ampl&iacute;a el concepto del aprendizaje.<\/h2>\n<p>\u00abSi tengo que definirme con una sola palabra, sin dudarlo elegir&iacute;a la palabra docente&rdquo;, sentencia Estela Quiroga. Licenciada y profesora en Letras y formadora docente, que apuesta a cambiar la tiza por el mouse desde <a href=\"http:\/\/www.estelajquiroga.blogspot.com.ar\/\" target=\"_blank\">un blog<\/a>, que en diciembre gan&oacute; el Primer Premio a la Divulgaci&oacute;n de Contenidos Educativos en un concurso organizado por la Universidad de Buenos Aires.<\/p>\n<p>Su historia personal est&aacute; signada por una marca grabada en el ADN familiar: &ldquo;Mi madre, quien tambi&eacute;n era maestra, sol&iacute;a contarme con una emoci&oacute;n que casi se pod&iacute;a tocar que cada vez que sub&iacute;a las escaleras del Normal 9 se sent&iacute;a como Sissi, la emperatriz. Yo trabajo en ese Normal y no hay un solo d&iacute;a que no suba esas empinad&iacute;simas escaleras sin imaginarme a mi madre trepando con agilidad los escalones con su sonrisa permanente y su guardapolvo impecable&rdquo;, relata.<\/p>\n<p>Pero los tiempos cambiaron. &iexcl;Y c&oacute;mo! El palacio perdi&oacute; el encanto: la Escuela Normal Superior N&ordm; 9 de Callao al 450, en la Ciudad de Buenos Aires, se fue deteriorando. El mantenimiento se realiz&oacute; con &ldquo;materiales totalmente inapropiados -describe-. En una oportunidad hubo que desalojar a los estudiantes porque se cay&oacute; una parte de la mamposter&iacute;a de los techos desvencijados. Hay enormes carteles que aseguran que las refacciones responden a una &lsquo;puesta en valor&rsquo;, pero en lugar de puerta, en un sector colocaron una cortina realizada con tiras de pl&aacute;stico, al punto que algunos estudiantes lo llaman &#8216;la carnicer&iacute;a&#8217;&hellip; La arquitectura tiene voz propia&rdquo;, sonr&iacute;e esta docente y formadora de docentes, que con sus 70 horas semanales de clase es testigo de cuarenta a&ntilde;os de educaci&oacute;n p&uacute;blica.<\/p>\n<p>&ldquo;Antes de la reforma educativa de 1994 las escuelas eran nacionales y hab&iacute;a otra protecci&oacute;n desde el Estado. Ese es un punto de quiebre de la educaci&oacute;n, el inicio de un deterioro por el que hoy algunos docentes tienen que elegir entre comer y pagar el alquiler, porque ganan alrededor de 3.000 pesos. El imaginario social piensa que la doble jornada del maestro se paga el doble, pero no es as&iacute;. Tampoco los profesores duplican sus ingresos multiplicando sus horas de clase, ya que las primeras 34 horas c&aacute;tedra se pagan una cifra pero las subsiguientes se cobran 40% menos. Y ning&uacute;n docente piensa en trabajar a media m&aacute;quina cuando se reducen sus honorarios&rdquo;, explica Estela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Transmitir entusiasmo <\/strong><\/p>\n<p>&ldquo;Lo que un educador no puede perder nunca de vista es su entusiasmo, que despu&eacute;s de todo es lo &uacute;nico que se transmite&hellip; Los conocimientos se construyen pero si no hay pasi&oacute;n, si no hay entrega, entonces no tenemos nada. Hay gestos, miradas, palabras que son fundamentales, que nos van definiendo, que nos transforman&rdquo;, comenta convencida de la trascendencia del rol que cumplen los docentes.<\/p>\n<p>&ldquo;Cada a&ntilde;o, cuando tengo enfrente a un grupo de j&oacute;venes que aspiran a la docencia, los felicito. Porque ser docente tiene que ver con darse a los otros, implica un compromiso y una dedicaci&oacute;n absolutos, ya que si falta esa entrega, puede causarle un da&ntilde;o irreparable al otro. Ante todo somos formadores de personas&rdquo;, opina Estela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La dimensi&oacute;n afectiva <\/strong><\/p>\n<p>Tambi&eacute;n reivindica un valor algo desgastado en la cultura actual: &ldquo;Otro ingrediente indispensable que me inculc&oacute; mi madre es el amor. Y cuando hablo de amor, estoy hablando de la entrega, de darse al otro. No puedo evitar sentir este tema como una preocupaci&oacute;n. En este momento crucial de la formaci&oacute;n de un ser humano, muchos padres y docentes han empezado a dejar de lado la dimensi&oacute;n afectiva. Antes, estos adultos significativos eran los encargados del proceso primario de socializaci&oacute;n. Hoy hay nuevos agentes de formaci&oacute;n cultural, entre ellos la televisi&oacute;n. Y su influencia es tan grande que muchos ni&ntilde;os hablan en &lsquo;neutro&rsquo; porque pasan m&aacute;s horas en compa&ntilde;&iacute;a de la TV que de un ser humano&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Responsabilidad compartida <\/strong><\/p>\n<p>Quiroga entiende que la escuela no es el &uacute;nico lugar donde se educa, ya que educar es una responsabilidad colectiva en la que deber&iacute;an intervenir, en distintos niveles de compromiso, todos. Tan en serio se tom&oacute; su rol existencial, mimetizada con su madre-docente, que as&iacute; se lo transmiti&oacute; a sus tres hijas (de 36, 29 y 28 a&ntilde;os), que a pesar de sus recorridos bifurcados, se cruzan en un punto con la docencia. &ldquo;La mayor empez&oacute; a estudiar para docente. La del medio decidi&oacute; hacer lo mismo y cuando le pregunt&eacute; por qu&eacute;, me respondi&oacute; que yo ven&iacute;a siempre muy contenta del trabajo. Desde luego, me dio muchas otras interesantes razones, pero &eacute;sa me llam&oacute; la atenci&oacute;n. La menor se dedica a la m&uacute;sica, pero tambi&eacute;n da clases de canto&rdquo;.<\/p>\n<p>A pesar del paso de los a&ntilde;os en su funci&oacute;n, Estela conserva el entusiasmo de la primera vez: &ldquo;A&uacute;n hoy la noche anterior a comenzar un ciclo lectivo me cuesta conciliar el sue&ntilde;o. Pienso c&oacute;mo ser&aacute;n mis alumnos, qu&eacute; les voy a decir. Me emociona mucho formar docentes, porque aunque esto parezca presuntuoso, de alg&uacute;n modo, uno les deja una huella. Cuando una persona decide ser docente es porque hubo alguien, una figura muy fuerte, que te fue indicando el camino y, desde luego, no siempre es tu madre. Lo habitual es que sea un docente, ese docente que a vos se te hace carne, ese docente que para vos es un modelo y entonces quer&eacute;s ser as&iacute;&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Pasi&oacute;n por los libros <\/strong><\/p>\n<p>&ldquo;Hay gestos, miradas, palabras que son fundamentales, que nos van definiendo, que nos transforman. Muchas veces de grande me pregunt&eacute; si algunas de las acciones de mam&aacute; eran estrategias o simplemente intuiciones. Lo cierto que se las ingeni&oacute; muy bien para convertir a mi hermano y a m&iacute; en avezados lectores. Cada noche encend&iacute;a la chimenea y nos le&iacute;a. Y en la parte m&aacute;s interesante interrump&iacute;a la lectura y nos mandaba a dormir. A la ma&ntilde;ana siguiente, Carlos y yo (que ten&iacute;amos cuatro y seis a&ntilde;os respectivamente) nos apropi&aacute;bamos del libro e intent&aacute;bamos descifrarlo. As&iacute; aprendimos a leer&rdquo;, cuenta Estela. As&iacute; naci&oacute; su otra pasi&oacute;n: la literatura, que el a&ntilde;o pasado tuvo un reconocimiento p&uacute;blico cuando EUDEBA public&oacute; un trabajo que hab&iacute;a escrito para un concurso organizado por la Casa de Ana Frank en la Argentina.<\/p>\n<p>&ldquo;Me recib&iacute; de Licenciada en Letras en diciembre de 1975 as&iacute; que tuve unos profesores incre&iacute;bles. Llegu&eacute; a hacer unos seminarios de literatura argentina con el propio Borges. Despu&eacute;s llegaron a&ntilde;os duros, oscuridad, mordaza, libros prohibidos, cuentos infantiles prohibidos como &lsquo;Un elefante ocupa mucho espacio&rsquo; de Elsa Bornermann o &lsquo;La torre de cubos&rsquo; de Laura Devetach. Entonces, con mucha ingenuidad, forr&aacute;bamos los libros con papel azul ara&ntilde;a para que nadie se diese cuenta de que nosotros trabaj&aacute;bamos desde la resistencia y continu&aacute;bamos leyendo lo que no se pod&iacute;a&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Aprender y emprender <\/strong><\/p>\n<p>Melanc&oacute;lica, confiesa: &ldquo;No s&eacute; si mis padres, especialmente mi madre, tuvieron idea del maravilloso don que me entregaron al ense&ntilde;arme a caminar por el m&aacute;gico mundo de la literatura. Ese universo me permiti&oacute; jugar y trabajar con las palabras, modelarlas, darles brillo y por qu&eacute; no, sustancia, peso&rdquo;.<\/p>\n<p>Hoy esta pasi&oacute;n literaria se entrelaza con su funci&oacute;n docente y en su trabajo cotidiano se propone transmitir ese entusiasmo a los estudiantes. &ldquo;La tarea de ense&ntilde;ar no es algo mec&aacute;nico que tiene que ver &uacute;nicamente con los contenidos. Como formadora docente en pr&aacute;cticas del lenguaje y la literat|ura considero que lo importante es formar lectores, convertir a los ni&ntilde;os y j&oacute;venes en lectores cr&iacute;ticos, que aprendan a pensar, a discriminar entre un buen material y otro que no lo es y tambi&eacute;n es fundamental el manejo de la oralidad y de la escritura. Esta no es una tarea sencilla y debe ser continua. Leer y escribir son procesos complejos. La alfabetizaci&oacute;n se inicia antes de ingresar a la escuela y contin&uacute;a por el resto de nuestras vidas. No solamente hay que ense&ntilde;ar a aprender y a pensar sino aprender a hacer y a emprender. Es nuestra obligaci&oacute;n formar sujetos emprendedores&rdquo;. Nada menos.<\/p>\n<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &ldquo;B&aacute;sicamente, somos formadores de personas&rdquo; Maestra de educadores, Estela Quiroga (58) es protagonista de cuatro d&eacute;cadas de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica. 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